-bESS-: el tiempo, las estrellas y la música como legado

Con una sensibilidad heredera del pop rock británico y una escritura profundamente humana, la banda ha desarrollado un universo sonoro que observa el mundo con calma, honestidad y una rara delicadeza.

INDIE ALTERNATIVOFRANCOPHONEARTISTAS INDEPENDIENTES

Carlos Carpentier Photo par: Corinne Moronta

1/31/20264 min leer

Hay proyectos musicales que no se miden por cifras ni tendencias, sino por el tipo de huella que dejan en quienes los escuchan. -bESS- pertenece a esa categoría. A lo largo de los años, su música ha sabido acompañar silencios, viajes, pérdidas y celebraciones, construyendo un vínculo emocional que trasciende idiomas y fronteras. Con una sensibilidad heredera del pop rock británico y una escritura profundamente humana, la banda ha desarrollado un universo sonoro que observa el mundo con calma, honestidad y una rara delicadeza. Hablar de -bESS- es hablar del tiempo, de la memoria y de la música como refugio.

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1.- Tras más de diez años de carrera, cientos de conciertos y varios álbumes, ¿cómo ha evolucionado tu relación con la música: sigue siendo una urgencia vital o se ha convertido en un espacio de reflexión, transmisión y distancia?

Es un equilibrio que se ha ido afinando con el tiempo. Al principio estaba esa urgencia del escenario, esa necesidad de “hacerse” tocando en vivo, que nos llevó a encadenar más de 300 conciertos antes de detenernos a grabar en estudio. Hoy, la música sigue siendo una necesidad vital, pero se ha convertido en un espacio de observación mucho más amplio.

Si nuestro primer álbum era un “himno a la vida”, el segundo, Human, nació de la observación de un mundo tan bello como cruel; el tercer álbum fue una reflexión sobre el paso del tiempo y nuestros orígenes. Con perspectiva, ya no buscamos solo hacer ruido, sino esculpir melodías envolventes que dejen huella y acompañen a las personas en sus momentos tristes o felices.

No concibo la vida sin música. Es una constante, la que crea ese equilibrio vital. Creo que cada persona en la Tierra puede vincular un momento de su vida a una canción, a una melodía, desde la infancia más temprana. Así que si una de esas canciones puede ser una de las que he escrito, entonces ese será mi pequeño legado.

2.- “A Million Stars” cuestiona la capacidad de la música para crear una conexión emocional profunda con el oyente. Hoy, ¿cómo percibes tu rol como artista en un mundo saturado de imágenes, sonidos y mensajes?

En un mundo saturado, nuestro rol quizá sea volver a ser “encendedores de estrellas”. Ese es precisamente el sentido de nuestro nuevo tema A Million Stars: la capacidad del artista de pintar estrellas en el corazón del oyente para iluminar paisajes y caminos de vida que a veces son oscuros. También es un mensaje para todos: devolver la confianza en la idea de que todos somos la estrella de alguien, a nuestro humilde nivel.

Frente al flujo incesante de imágenes y sonidos, intentamos proponer un universo artesanal que ofrezca una pausa, una respiración poética. Apostamos por la conexión emocional pura, más que por una simple consumición sonora.

3.- Tu universo parece nutrirse de la tradición pop-rock británica, pero al mismo tiempo está profundamente marcado por tu propio recorrido y tu entorno. ¿Cómo se transforman esas influencias en un lenguaje musical personal, sin quedarse en el terreno de la referencia?

La influencia britpop forma parte de mis genes; de hecho, el grupo se llamaba originalmente Brit ESSence (“el perfume británico”), como una especie de conexión con mis ancestros (mi bisabuelo era irlandés o escocés; desapareció sin dejar rastro, sin dejar nombre). Más tarde, al vivir una temporada en Inglaterra, estuve marcado por la exigencia melódica de Thom Yorke (Radiohead) o Neil Hannon (The Divine Comedy). Son personas que tuve la suerte de conocer y que me inspiraron profundamente, especialmente Neil, con quien tuve la inmensa fortuna de tocar.

Sin embargo, el lenguaje personal se forjó cuando dejamos que Shakespeare le tendiera la mano a Molière. Para nuestro tercer álbum, Metz, integramos la lengua francesa para contar los males y la belleza de este mundo, así como el paso del tiempo, desde una mayor cercanía. Contar lo universal para conectar mejor con la gente. Se convirtió en una mezcla entre la energía del rock británico y la elegancia de los arreglos pop a la francesa. Tal vez eso sea lo que define hoy nuestra identidad.

4.- Cada álbum de -bESS- puede percibirse como el reflejo de una etapa distinta de vuestra historia. ¿Qué revela este nuevo álbum homónimo sobre vuestra evolución, tanto individual como colectiva?

Este álbum es quizá el de una reinvención, de una simplificación, de devolverle al término pop su sentido original: “popular”. Tras explorar la humanidad (Human) y el paso del tiempo (Metz), este cuarto disco sintetiza en parte mi recorrido.

Amor, hijos, esperanza en un mundo que se endurece y se radicaliza. Con la idea de que el mundo ya pertenece a las generaciones futuras y que ellas harán con él lo que quieran.

5.- Al mirar vuestra trayectoria desde los inicios hasta hoy, ¿qué has aprendido sobre el tiempo: el tiempo necesario para crear, para vivir y para permitir que la música encuentre plenamente a su público?

El paso del tiempo es un gran tema de reflexión. Pasa a una velocidad vertiginosa y, al mismo tiempo, hay que tomárselo, detenerse para crear cosas bellas. Me gusta mucho esa frase que dice: “si tienes prisa, ya estás muerto”. Nos llevó tiempo lograr compartir escenario con íconos como Supertramp o Pixies. Pero esos son momentos fugaces, efímeros, que quizá no volveremos a vivir jamás. Por eso hay que tomar cada instante de felicidad y disfrutarlo al máximo cuando llega, porque evidentemente no sabemos de qué estará hecho el mañana.

Crear requiere paciencia, y permitir que la música encuentre a su público exige perseverancia y, lamentablemente, dinero. Sé que hay personas en algún lugar que podrían apreciar mi música, pero para llegar a ellas hay que invertir mucho. Ese era, en parte, el rol de las discográficas; hoy soy 100% independiente y valoro cada etapa de este viaje musical, aunque ha aparecido un sentimiento de urgencia con las inteligencias artificiales. Aun así, voy a intentar seguir creyendo en la inteligencia y la creatividad humanas, el tiempo que nos quede.