
Dehesa Gasca y el Laboratorio Danza Arcaica transforman la escena guanajuatense
El pasado 21 de octubre, Dehesa Gasca y el Laboratorio Danza Arcaica presentaron una pieza que exploró la libertad del cuerpo y la memoria ancestral en Guanajuato, cuestionando las etiquetas sociales y celebrando la esencia humana.
FESTIVAL INTERNACIONAL CERVANTINOCULTURAARTES ESCÉNICASDANZA
CARLOS ROJAS
10/23/20253 min leer



El pasado martes 21 de octubre, el público guanajuatense fue testigo de una experiencia escénica que desbordó los límites del movimiento y la identidad. Bajo la dirección de Dehesa Gasca, el Laboratorio Danza Arcaica presentó una pieza que invitó a la reflexión más profunda: ¿qué tan libre es realmente nuestro cuerpo en una sociedad llena de etiquetas, normas y jerarquías invisibles?
La obra, poética y visceral, exploró el cuerpo como un territorio de resistencia y memoria, un espacio que busca despojarse de lo impuesto para reencontrarse con su naturaleza más pura. A través del movimiento, los intérpretes construyeron una narrativa que cuestionó la idea de “esencia” como algo propio, revelando que, muchas veces, lo que creemos ser está moldeado por estructuras socioculturales que delimitan nuestra forma de existir.

El pasado martes 21 de octubre, el público guanajuatense fue testigo de una experiencia escénica que desbordó los límites del movimiento y la identidad. Bajo la dirección de Dehesa Gasca, el Laboratorio Danza Arcaica presentó una pieza que invitó a la reflexión más profunda: ¿qué tan libre es realmente nuestro cuerpo en una sociedad llena de etiquetas, normas y jerarquías invisibles?
La obra, poética y visceral, exploró el cuerpo como un territorio de resistencia y memoria, un espacio que busca despojarse de lo impuesto para reencontrarse con su naturaleza más pura. A través del movimiento, los intérpretes construyeron una narrativa que cuestionó la idea de “esencia” como algo propio, revelando que, muchas veces, lo que creemos ser está moldeado por estructuras socioculturales que delimitan nuestra forma de existir.



La propuesta de Gasca no solo es una pieza escénica, sino una declaración sobre la libertad corporal y la reconexión con lo ancestral. En cada gesto, en cada respiración compartida, el público fue testigo de un proceso colectivo de transformación. El escenario se convirtió en un espejo donde cada espectador podía verse reflejado, reconociendo en los otros su propia vulnerabilidad y deseo de emancipación.
La creadora, originaria de Guanajuato, ha hecho del cuerpo su herramienta esencial de exploración artística. Desde 2012, con el Laboratorio Danza Arcaica, ha desarrollado un lenguaje escénico que fusiona danza contemporánea, teatro físico y diseño sonoro. Su búsqueda constante se centra en la sensibilidad del cuerpo como memoria viva, capaz de contener lo intangible, lo ancestral y lo invisible



Este laboratorio ha consolidado una década de trabajo en torno al movimiento como poética, proponiendo un diálogo entre cuerpo, espacio y tiempo. Su visión —reconocida por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), antes FONCA— se sustenta en la idea de que el cuerpo es el primer territorio de creación, reflexión y libertad.
La pieza presentada el martes fue un viaje sensorial que llevó a los asistentes a preguntarse cómo habitamos los espacios compartidos y cuánto de nosotros se ve condicionado por lo que no se ve: las normas, los silencios, los miedos. En un mundo donde la identidad se fragmenta entre lo social y lo personal, Danza Arcaica propuso un retorno a lo esencial: al cuerpo que siente, respira, escucha y se libera.
El resultado fue una experiencia catártica, donde arte y filosofía se entrelazaron en una danza que habló sin palabras. Una obra que no busca respuestas, sino provocar preguntas. Porque, al final, como sugiere Gasca, el cuerpo siempre recuerda lo que el sistema intenta olvidar.


