
Lucy May: ordenar el caos, cantar lo que duele y seguir
Con una escritura directa, irónica y profundamente empática, transforma experiencias íntimas en relatos compartidos que invitan tanto a la identificación como al movimiento.
ARTISTAS INDEPENDIENTESPOP-ROCKENTREVISTAS
Carlos Carpentier
2/11/20264 min leer



Lucy May construye canciones desde un lugar honesto, donde el desorden emocional no se esconde, pero tampoco se dramatiza. Su pop-rock nace de la necesidad de poner palabras a lo que cuesta nombrar: vínculos que se rompen sin ruido, inseguridades que aparecen en silencio y procesos personales que no siempre tienen respuestas claras. Con una escritura directa, irónica y profundamente empática, transforma experiencias íntimas en relatos compartidos que invitan tanto a la identificación como al movimiento. En La manera, su nuevo single, aborda la pérdida de una amistad importante con una crudeza luminosa, apostando por un sonido más oscuro y visceral que refuerza el viaje emocional. Desde Málaga, Lucy May consolida una identidad artística cercana y sincera, donde la música funciona como refugio y punto de encuentro.
Te invitamos a suscribirte a nuestra .- Playlist “Main character energy ✨” donde encontraras lo más novedoso de talentos emergentes a nivel global.
1.- Tienes solo 24 años y ya escribes desde una conciencia emocional muy clara. ¿En qué momento sentiste que la música dejó de ser solo una forma de expresarte y se convirtió en una herramienta para entenderte y ordenar lo que te pasa por dentro?
Cuando escribí conscientemente mi primera canción, con 16 años, lo hice justo por eso: necesitaba poner en palabras algo que estaba viviendo y que no sabía cómo manejar ni entender. Fue un antes y un después. Me di cuenta de que convertir mis pensamientos en canciones me ayudaba a ordenar lo que en la cabeza parecía caótico y a soltar esa carga de guardarlo todo para una misma. Desde entonces, componer ha sido siempre un refugio. Muchas veces ha sido la forma de expresar cosas que no sabía cómo contarle a nadie, o incluso la manera de darles su justa dimensión a situaciones que, en caliente, parecen enormes. La música se convirtió en una herramienta para entenderme, no solo para desahogarme.
2.- La manera aborda una pérdida poco narrada: la ruptura de una amistad importante. ¿Por qué crees que socialmente nos cuesta tanto darle espacio y duelo a este tipo de vínculos, incluso más que a las relaciones románticas?
Creo que las amistades que se pierden sin que haya pasado “nada malo” duelen de una forma muy particular. Cuando no hay un conflicto claro, una traición o algo a lo que aferrarte para cerrar, todo se vuelve más confuso. Son rupturas que llegan por circunstancias, destiempos o sentimientos mal colocados, y ahí no tienes nada que reprocharle al otro. Eso las hace aún más difíciles de procesar. Ver cómo alguien que fue tan importante para ti es capaz de seguir adelante sin mirar atrás, mientras tú sigues recordando todo lo compartido, es muy duro. Socialmente no solemos validar ese duelo, y sin embargo puede ser tan profundo como cualquier ruptura romántica, solo que diferente.
3.- Tu proyecto se mueve entre la vulnerabilidad y una ironía luminosa que invita a bailar incluso cuando algo duele. ¿Es una forma de protección emocional, una postura artística consciente o simplemente la manera más honesta que encontraste para contar tu historia?
Es una postura artística consciente, aunque seguramente también tenga algo de protección emocional. Tengo canciones más tristes y melódicamente más dolorosas, pero quise apostar por esta identidad: hablar de cosas profundas buscando siempre la vuelta, permitiendo que durante lo que dura la canción puedas gritar, reír o bailar, aunque el fondo duela. Creo que hay algo muy honesto en desnudar emociones fuertes envueltas en melodías luminosas; de alguna forma te hace sentir menos expuesta y, al mismo tiempo, más libre.
4.- En lo sonoro, este single se siente más crudo y oscuro que trabajos anteriores, con un bajo muy protagonista y una intensidad que va creciendo hasta estallar. ¿Cómo fue el proceso de decidir hasta dónde llevar emocionalmente la canción sin perder verdad ni caer en el dramatismo?
La verdad es que no hubo una decisión racional de “hasta aquí”. La letra de La manera es de esas que casi se escriben solas, como si las palabras ya estuvieran flotando y solo hubiese que dejarlas salir. Yo no pensé en dramatizar ni en contenerme: escribí exactamente lo que necesitaba decir. Lo único que tenía claro era que la producción tenía que hacerle justicia a esa intensidad. Le propuse la idea a mi productor, Juata, y él entendió perfectamente el viaje emocional de la canción. Por eso el sonido es más crudo y oscuro: acompaña una letra que también lo es.
5.- En directo buscas crear un espacio íntimo donde el público se sienta parte de la historia. ¿Qué te han devuelto las personas que conectan con tus canciones y cómo ha cambiado eso tu manera de entender la responsabilidad emocional de escribir desde lo personal?
Es muy bonito ver cómo una canción puede llegar a formar parte del día a día de otras personas. Estoy empezando, y eso hace que la relación con quien escucha mi música sea mucho más cercana. Me emociona cuando alguien me cuenta que una canción le acompaña, que la escucha en momentos concretos o que siente que habla de algo que también ha vivido. A veces es casi surrealista pensar que algo que escribes sola en tu habitación puede acabar sonando en otras casas, en otros momentos importantes, y ayudar a alguien a transitar lo suyo. Eso te hace ser muy consciente de la responsabilidad, pero también te reafirma en la idea de que escribir desde lo personal es, paradójicamente, lo más universal.
