
Ojosauro: cuando Tania Naranjo convierte a Frida Kahlo en un acto de escucha profunda
Tania Naranjo se aproxima al universo de Frida Kahlo sin intentar traducirlo en imagen ni imitar su iconografía
MÚSICAARTE CONTEMPORÁNEOCULTURA
Carlos Rojas
1/15/20261 min leer



Ojosauro no es un álbum que se limite a rendir homenaje. Es, ante todo, un ejercicio de escucha íntima. Tania Naranjo se aproxima al universo de Frida Kahlo sin intentar traducirlo en imagen ni imitar su iconografía, sino permitiendo que sus palabras respiren dentro de la música. El título, tomado del diario ilustrado de la pintora, sugiere desde el inicio una mirada múltiple, inquieta, capaz de observar hacia adentro y hacia lo invisible.
La propuesta sonora se mueve con naturalidad entre lo minimalista y lo cinematográfico. El piano de Naranjo, siempre expresivo y contenido, actúa como columna vertebral emocional, mientras la electrónica añade capas de profundidad sin imponerse. La producción de Jens Andersson sostiene el equilibrio con sensibilidad, evitando cualquier exceso y permitiendo que el silencio tenga un peso narrativo propio. La darbuka de Bader Debs introduce un pulso orgánico que conecta la introspección con el cuerpo, lo íntimo con lo ritual.
En Ojosauro, la voz no busca protagonismo virtuoso. Funciona como un canal, casi como un susurro consciente que transmite la resiliencia, la lucha y la lucidez de Kahlo. El tema que da nombre al álbum emerge como su centro emocional: una pieza que condensa fragilidad y fuerza, dolor y claridad, sin necesidad de subrayados dramáticos.
Con este trabajo, Naranjo continúa un camino artístico coherente, donde la tradición clásica dialoga con el alma latinoamericana y una sensibilidad contemporánea abierta al mundo. Ojosauro se experimenta como un espacio emocional más que como una colección de canciones: un lugar donde la música honra la realidad interior y la transforma en presencia viva.
