
Sama Abdulhadi en Los Pastitos: el techno como acto de resistencia y comunión
Sama Abdulhadi conquistó Los Pastitos en el FIC 53 con un set poderoso de techno que unió identidad, emoción y ritmo en una sola noche inolvidable.
FESTIVAL INTERNACIONAL CERVANTINOMÚSICACULTURAFREE PALESTINE
CARLOS ROJAS
10/22/20252 min leer



Hay noches en las que la música trasciende lo sonoro y se convierte en un manifiesto. La presentación de Sama Abdulhadi en Los Pastitos, durante el 53 Festival Internacional Cervantino, fue una de esas noches. Bajo el cielo guanajuatense, la DJ originaria de Jordania transformó el espacio en un ritual colectivo donde la electrónica se mezcló con la memoria, la identidad y la libertad.
Abdulhadi no solo llegó a México como una de las exponentes más destacadas del techno en Medio Oriente, sino como símbolo de una generación que encuentra en los beats una forma de expresión política. Con su inconfundible keffiyeh —el pañuelo palestino que lleva como estandarte— y un vestido negro bordado con tareetz, trajo consigo una carga cultural que trasciende fronteras. Cada mezcla, cada subida de volumen y cada gesto de sus manos fue un recordatorio de que el arte también puede ser un acto de resistencia.
Su set fue una experiencia envolvente. Durante dos horas, Sama construyó un paisaje sonoro basado en bajos profundos y texturas industriales, un techno puro y minimalista que resonó en el cuerpo antes que en el oído. Por momentos, introdujo sutiles guiños al jungle británico o al house con percusiones precisas, pero siempre regresando al pulso grave que define su estilo. Su control absoluto del ritmo, acompañado por gestos de gratitud y cercanía con el público, generó una atmósfera de comunión. En medio del caos de luces y beats, hubo una sensación de paz compartida, de entendimiento sin palabras.



Más allá del baile, lo que Sama Abdulhadi propone es una forma de diálogo entre culturas. Formada en Beirut y El Cairo, su música conecta mundos: el árabe y el occidental, el ancestral y el contemporáneo, el íntimo y el colectivo. En cada presentación lleva consigo la historia de una región marcada por la resistencia, pero también por la belleza y la creación. Su presencia en el Cervantino fue una declaración: el techno no pertenece a un solo lugar, es un idioma global capaz de narrar nuestras luchas y esperanzas.
Cuando Sama se despidió, visiblemente emocionada, dejó algo más que una sesión impecable: dejó una sensación de pertenencia. En Los Pastitos, cientos de jóvenes entendieron que bailar también puede ser una forma de decir aquí estamos. Y en ese instante, Guanajuato se conectó con el mundo, latiendo al mismo ritmo que las ciudades donde la libertad suena a bajos distorsionados.
La música electrónica, tantas veces incomprendida, encontró en Sama Abdulhadi su rostro más humano. Su paso por el Festival Internacional Cervantino no fue solo un show: fue una afirmación de vida, una celebración de la identidad y una prueba de que, incluso entre los sonidos más mecánicos, puede habitar la ternura.


